HABLO DEL MAR – Mención Honorífica Premio Nacional de Literatura “Efraín Huerta 1992 Rama Poesía, Tampico, Tamaulipas. Publicado por Nautilium, Col. Liebre de Marzo No. 7, 1a. ed., 1992.

M I T O M A N Í A S

Salve a ti la Impenitente con tu espada e proa

Odisseas Elytys, Dignum est

DE LEVANTE


Zarpamos,

nos hicimos a la mar.

Me cansé de esperar a Odiseo

y Antinoo siguió su paso.

No de vivir tejiendo

ni confiada en el azar.

Dejaré que tu mástil navegue

rumbo a mi playa.




INVOCACIÓN DE ARIADNA


Eco en el silencio

prolongado por los siglos,

repercutes al final del laberinto.


Brote luminoso de tu boca,

te percibo como un hecho

porque existes,

porque sostenemos nuestro hilo.


Si no logra sucumbir el minotauro,

si murieras,

conmigo quedará tu voz,

la tesitura.


Pero ileso

no me ofrendes a la gula de Dionisos,

llévame a surcar el mar de lo que no termina.




CLITIA


Salvo del naufragio mi locura,

delirio de alientos y caricias.

Deseo contenido entre los pétalos,

transformada en girasol te miro.

Busco tu luz, cambio el trayecto,

los rayos se deslizan y penetran.

No derroches la virtud en el espacio,

cúbreme antes de apagar tu fuego.




NARCISA


Amo mi rostro como tú lo amas.

En ti veo el reflejo cristalino de mi sombra.


Siento mi hermosura, creo en ella.

Al verme como tú me ves

la imagen retorna placentera.


En tus ojos me descubro,

veo que soy la misma,  pero amo.


En tu pecho me convierto en algo

más profundo que un suspiro

y llego hasta tu mente

como realidad imaginaria.


No son tus ojos los aros dibujados

en el velo del azogue que contemplo.


Busco el objeto de mi visión.

Quiero tocarlo, no puedo.


Ahora vivo enamorada de mí misma,

ciega de horizontes y quimeras,

imagen que tiembla en el arroyo

si vierto mi nostalgia gota a gota.



AL BAUTISTA


…y yo te daré la corona de la vida:

bañaré tus pies,

ungiré tus sienes,

velaré tus desvelos.


Pondré en tus labios un racimo de besos

para tomar el mosto de tu boca.


No he de permitir

que cercenen tu cabeza,

que el rocío de tu frente

no se deposite en mis párpados.


Nómbrame,

lava mi pena,

bebe mis palabras,

emancipa el amor guardado en una era.




SUEÑO DE PERSÉFONE

A la mujer-luna, cuya luz sí es de ella


¿Quién dijo que mayo era mes de los idilios?

Tal vez se refería, ignorando,

al idilio entre ser y dejar de ser.

Nos veo, Madre, en un paraje de sueños:

juntas, confinadas, de tránsito al destino.

Me siento en una casa distinta de la nuestra,

no el sitio acorazado que instiga al destierro.

Te pienso en estas noches en morada distante,

el mar junto a nosotras por único vigía.

La otra noche vislumbré, en medio del exilio

y al margen de la trama, un mar inesperado:

el límite del Hades y la tierra prometida,

su oleaje coronaba la tersura lapislázuli.

Era un mar, quizá de utilería, pero tan real

como el sol inmarcesible que tragaba sombras.

Horizontes lúcidos, presagios, vientos en popa,

pero dicen que estás herida de muerte y de vida.

No caigas como fronda derribada,

porque harían leña para encender mi hoguera.

Quiero verte abdicar el trono de la muerte,

desafiar al escalpelo, brindar tu carne

mil veces escindida restaurando llagas.

Al verte en pie sabré que Lázaro se levantó,

que de tu pecho herido no se fugará la vida.

Entonces partiremos juntas al renacimiento,

con el solsticio prodigioso del verano.


Hablo del mar, continuará/…





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Belén de las Flores

para Roberto López Moreno,

un ejercicio de tarea.

No es ya su cauce aquel camino abierto

acostumbrado a la errancia,

al canto sin cesura.

Hoy el celo fluye vencido

en la fístula de asfalto.

Cansada de no ver nunca el horizonte

derrama ciega la hermosura.

No cede ni sucumbe,

sólo respira y brama.

Sofoca tórridos impulsos

en la frugal canción del surtidero.

Igual que la cascada mana la sangre

que no encuentra sus estuarios.

Venas apenumbradas marcan el pulso

tácito de los encuentros.

Yermo es el paisaje,

pero el agua viva sigue fluyendo:

nuestras vidas son los ríos

que van a dar al amor.

Zulai Marcela Fuentes©

ACTEAL


Hoy quiero enmudecer por un instante,

oír sólo las abejas,

zumbidos que horadan el silencio

y estremecen.

Me basta con saber que en las gotas de rocío

se encierra el universo,

que al callar prevalecen las verdades,

hirientes aguijones en el corazón

y en la conciencia.

¿Quién responderá cuando niños no sollocen

y sus pies se cansen de lodo y de neblina?

Callemos un instante

frente al sol de la mañana,

el lucero de la tarde

o el granizo impredecible de la noche.

A la niebla no llegan las respuestas,

sólo mudas y sólidas mentiras.

Los hombres de la muerte se consumen

en espera de arrojar a su jauría babeante tras la presa.

Hoy callo para siempre,

las palabras no mitigan el dolor

ni sanan la locura.

Zulai Marcela Fuentes©

RITA DOVE

American smooth
Rita Dove (EEUU, 1952- )

We were dancing–it must have
been a foxtrot or a waltz,
something romantic but
requiring restraint,
rise and fall, precise
execution as we moved
into the next song without
stopping, two chests heaving
above a seven-league
stride—such perfect agony
one learns to smile through,
ecstatic mimicry
being the sine qua non
of American Smooth.
And because I was distracted
by the effort of
keeping my frame
(the leftward lean, head turned
just enough to gaze out
past your ear and always
smiling, smiling),
I didn’t notice
how still you’d become until
we had done it
(for two measures?
four?)–achieved flight,
that swift and serene
magnificence,
before the earth
remembered who we were
and brought us down.

Terso americano

Bailábamos; debió haber
sido un fox trot o un vals,
algo romántico, pero
que pedía discreción:
pleamar y bajamar,
ejecución precisa al deslizarnos
a la siguiente pieza sin parar,
dos pechos jadeantes alzándose
para dar una zancada
de siete leguas: agonía tan perfecta
que uno aprende a sonreír mientras la ejecuta,
mímica embriagante,
el sine qua non
de lo terso americano
Y porque estaba distraída
en el esfuerzo de
guardar la forma
(la inclinación hacia la izquierda
cabeza entornada justo para atisbar
detrás de tu oreja y siempre
sonriendo, sonriendo),
no me había dado cuenta
de lo quieto que te habías quedado
hasta que habíamos hecho
(¿por dos compases?,
¿cuatro?) alcanzando el vuelo,
esa ligera y tranquila
magnificiencia,
antes de que la tierra
nos recordara quiénes éramos
y nos trajera de regreso.

Versión de Zulai Marcela Fuentes

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