Vale la pena mirar atrás

Los muertos de la Revolución

Los muertos de la Revolución


Llegaron de Chihuahua

de Saltillo de Sonora

descalzos mal encarados furibundos

cayeron en Gómez Palacio

en Torreón en La Cadena

con las manos rotas

las rodillas quebradas

el caballo partido en dos

los halló la noche

los encontró el alba

con un ojo abierto

con el pecho vacío

acribillados en un arroyo

despedazados al pie de un cerro

dinamitados en un tren

lampiños sucios harapientos

los compañeros los despojaron

los buitres los comieron

los amarilleó el polvo

los secó el sol

en el lodo quedaron

famélicos anónimos deshechos

con la calma sobrenatural de los muertos



 

Zapata


No murió acribillado

a la puerta de la hacienda

ese día de abril

cuando los soldados

a la última nota

del toque del clarín

le vaciaron dos veces

la carga de los fusiles

dicen los que lo vieron

que en su caballo blanco

resistente a las balas

a los hombres y al tiempo

a galope tendido

entró a la muerte entero

 


Poemas de Homero Aridjis

 



Vale la pena recordar

HOMBRES Y MUJERES DE VERDAD

HOMBRES DE VERDAD

Aniversario

Hace doce años que se fue…

Amor constante más allá de la muerte…

Cerrar podrá mis ojos la postrera

sombra que me llevare el blanco día,

y podrá desatar esta alma mía

hora a su afán ansioso lisonjera;

mas no, de esotra parte lisonjera;

dejará la memoria, en donde ardía:

nadar sabe mi llama la agua fría,

y perder el respeto a ley severa.

Alas a quien todo un dios prisión ha sido,

venas que humor a tanto fuego han dado,

médulas que han gloriosamente ardido:

su cuerpo dejará, no su cuidado;

serán ceniza, más tendrá sentido;

polvo serán, mas polvo enamorado.

FRANCISCO DE QUEVEDO

 

El precipicio

es la última terraza para el cielo.

Aquí termina el mundo. Aquí comienza.

La pisada puede elegir entre dos vías:

el peligroso vino de la vida

o el láudano rojo de la muerte

que aquí viste de blanco.

VICENTE QUIRARTE

 

Dice la vieja: está la muerte

muy cerca, y nunca

le veo la cara.

 

Dice la vieja: charla

y charla, y me recuerda

un tul, una canción

 

lejana.

Pero nunca,

dice la vieja, nunca

le veo la cara.

 

Me recuerda

un tul, una canción lejana.

ELISEO DIEGO

 

Me miro frente a mí, rendido,

escuchando mi propia sangre,

con la atención desnuda

del que espera encontrarse en un esjejo

o en el fondo del agua

cuando, teniendo el cuerpo, ve acercarse

su sombra, lenta e inclnada,

a la suprema conjunción

de so pulsos perdidos en sí mismos,

como doble sueño o palabra

inserta en eco hasta llegar

a la primera orilla del silencio.

ALÍ CHUMACERO

 

 

Ofrenda de Día de Muertos 2010

PENUMBRAL

PENUMBRAL

I.Pronóstico: nublado

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos

CESARE PAVESE

En esta cuna de dolor

la muerte arrulla el cuerpo diminuto de mi madre.

Yo la envuelvo en un tibio sudario

y mis lágrimas son gotas residuales del otoño.

Cómo conservar esta caricia inerte

tibia aún sobre mi cara,

saber si mis palabras fueron entendidas

por ese huraño corazón acorazado.

Pronto dormirá serena,

sus ojos son pequeñas escotillas incendiadas

de un barco nodriza en lento hundimiento.

No puede llegar la hora:

si yo nací con su tristeza,

acaso moriré también cuando muerta su melancolía.

Mi madre se vuelve fetal

y cierra con un signo de interrogación

el texto de su vida.

En mi pecho apoya la osamenta,

se adormecen todas las preguntas.

¿Son necesarios los zapatos para ir al cielo?

¿Le podré sedosas medias blancas

o recios calcetines para el frío?

¿Cuál será realmente el clima en el espacio,

o allá profundo en el abismo?

Pronóstico: nublado.

Tal vez mi madre caiga por el ojo

de algún huracán arrepentido.

Tal vez le tocará esperar del lado oscuro de la Luna

o la veré cruzar la fase creciente

montada en un escoba de crines de Pegaso.

Muchas veces se la disputé a Marte,

pacté con él y con todos sus secuaces

a fin de rescatarla.

No sé si lo logré,

o fueron tan sólo sus despojos

que por años se ocultaron en mi mente.

II. El ciervo celestial

[Cinco hileras rodean su garganta

cada gota se va deshilvanando en poco tiempo.

Al irse aquel Teseo derrotado, el hilo se rompe,

y las perlas se desgranan en silencio.

Al cabo de cuarenta y nueve lunas de noviembre,

Teseo vuelve y se la lleva detrás del horizonte…]

Mi casa está vacía.

Polvo se acurruca en todos los rincones

y se adhiere a la cara ciega del espejo.

A tu higuera la invaden los insectos,

y la ruda se secó tan sólo en una noche.

Hoy tu gato negro ya no ronda nuestras piezas.

Te volviste polvo tú también,

ahora habitas un pequeño útero de cedro.

Eres apenas un poco de cenizas, aun así,

te convertiste en el reflejo de mil rostros

revelados en columnas de cartón descolorido,

y en una embestida de recuerdos.

Aún siento el aroma que impregna tus enseres.

aún estás aquí, en mis gestos diurnos y nocturnos,

en tu matraz,

en tu mortero,

en cada movimiento que realizo.

Aquellos tigres en la casa no podían ser

sino las fieras que preceden a la muerte,

mismas que nos ha rondado tantos años.

Hondo es el vacío.

Pero, sabes, algún día me iré por el Camino de Santiago.

Encontraré quien me reemplace en este rito de dolor.

La parte de mí que se murió contigo

lucha por regenerarse

contra la necrosis de algunas zonas afectadas.

Soy el ciervo celestial

adosado a las paredes de una bóveda

en espera de una luz que lo redima.

Soy una gacela con el lomo fracturado

por la brama incontenible de cervatos y viejos dromedarios

que emboscaron mi camino.

Soy ese miedo de hombres, niños y mujeres

atrapados en este laberinto de piedra.

No sé si en mis pulmones se geste algún siniestro.

No sé si al cauce de mi sangre lo invadan los detritos.

Ignoro si en el ámbar líquido de mis riñones

habiten organismos que acabarán por destruirme.

Si mi corazón no sea aquel enamorado

de cascos gozosos y ligeros.

Soy sin ti en este mundo,

al que nunca me atreví a mirar de frente

y sostenerle la mirada,

mucho menos a escupirle sus mentiras.

Ya sin tu atadura corporal yo sigo acordonada

en espera del plasma que me nutra.

Mientras, la casa está vacía.

El fresno se quedó desnudo.

Hojas iracundas huyeron con el cierzo

y me arrastraron sin rumbo por la calle.

El frío se ensañó conmigo.

Espero el tiempo del deshielo

para trasladarte a tu nueva morada de cantera.

o devolverte al mar con todos tus secretos y esta vieja,

atávica placenta que tanto nos nutrió de soledad.

III. Huan / La disolución

Se ha vuelto a encontrar.

¿Qué? La eternidad.

Es el sol que huyó

Junto con el mar.

ARTHUR RIMBAUD

 

Tu imagen surge hoy a contraluz

de un frío amanecer de luna nueva.

En una floración anticipada el fresno

parece desterrar un luto pertinaz

de tantos meses.

Partir,

la barca espera.

Tu pecho restaurado irrumpe

del blanco de la tela y el rojo de tu corazón caído.

Toda tú puedes lucir ahora una piel

inmaculada, sin temor

de sucumbir a la intemperie.

Ir sin cuidado, decidida,

rumbo a mar abierto.

Yo desde aquí contemplo el horizonte,

tu impulso de viajar sin lastre.

Y después de este destierro,

cómo retornar sin adherencias dolorosas,

saber dónde pervivo en todo este derrumbe,

cribar lo imprescindible de lo inútil,

poner a salvo más de un siglo de recuerdos.

¿Qué revelará la caja negra del siniestro

resguardado en este mar de fondo?

¿Cuándo desprenderme de una vez

de las cadenas y grilletes

que me atan a esta fortaleza,

a estos bienes de raíces tan profundas,

vientre gigantesco

donde entrar es lo de menos

y salir es sólo un simulacro.

Mi cuna,

mi sepulcro,

mi bóveda infinita

donde viven los amores grandes y pequeños

¿Qué fue de las mujeres de la casa?

No escucho sus manos laboriosas

ni abrevo de sus mágicas pociones.

Me abandonan,

me conminan a encararme con la muerte

en estas piezas encantadas

donde vagan los fantasmas inconformes

y las larvas del deseo han hecho nido

de mi cuerpo tantas veces.

Aquí llega Dios a visitarme con su madre.

Además, en esta casa enferma

se atiende bien a los difuntos en su día:

arde el copal y el palo santo,

arden los cirios perfumados,

la luz se esparce hasta el último rincón

de las tinieblas.

Aquí los ángeles benditos y los ángeles rebeldes

no se contradicen.

No obstante, las mujeres de la casa

me han dejado sola,

con lunas en exilio vacías de su curso.

Las sibilas de fuego en las entrañas,

las vestales con su lámpara de aceite han partido.

Encima del altar dejaron un último murmullo.

El sol se eleva o se distiende

tramando su luz en el recuerdo.

Acecha detrás de la vigilia

desde el fondo prístino del mar,

anida en el frágil regazo de los sueños.

Partir,

tal vez vivir,

la barca espera.

Tomado de Penumbral, plaquette de poesía No. 71, Ediciones Mixcóatl, México, D.F., 4a. reimpresión, 2007.

D.R. ZULAI MARCELA FUENTES

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Parcialmente, por cualquier medio,

sin solicitar el permiso de la autora.

Zulai the Mother, airbrush painting by her grandson Ángel, 2010

Cubierta de la plaquette Penumbral de Z.M. Fuentes, Ed. Mixcóatl, 2003